8 para las 7

Él, corre cual fugitivo por las escaleras de la estación buscando colarse entre los pasillos y ganar tiempo. La gente, al no entender su apuro, lo bloquea y le estorba mientras el tren del norte está por llegar.
Él, ha llegado a su destino, el andén sur para percatarse que el tren norte emprende su huida. El joven agitado por la situación se concentra en tratar de controlar su respiración mientras su mirada se pierde en la cola de ese tren haciendo gestos de lamento en su rostro por no haberlo alcanzado. Solo alcanza a ver que el viejo reloj de manecillas colgando en el andén sur, ha señalado 8 para las 7 una vez más.

Ella, llega a la estación y espera el tren todos los días a la misma hora, sobre el mismo anden, procurando quedar a la misma distancia de las dos escaleras que te llevan a la parte superior de la estación. Su hogar es el destino y es por esta condición que espera atenta la llegada del tren sur.
El invierno se ha situado en la ciudad y el tiempo pasa lento cuando se espera frente a las heladas y estáticas vías, corriendo una brisa invernal por sus mejillas.

Bajo sus pies, se puede escuchar el flujo activo de una ciudad. Autos rechinando, el claxon de un taxi y autobuses se escuchan sin parar obteniendo una sinfonía urbana, o al menos eso le gusta a ella imaginar.
Decenas de personas alrededor, todas con la mirada perdida hacia algún punto fijo, unos sobre el horizonte que se alcanza a divisar mientras otros les gusta observar el infinito que las vías sueles dibujar y detectar cuando el tren está por arribar.
 
Se pueden apreciar las luces cegantes de la locomotora, el pitido que anuncia su llegada como si no fuera suficiente el estruendo que provoca el frenado de las ruedas. Ella, coloca sus audífonos no sin antes voltear a ver el viejo reloj de manecillas que es parte de la estación, señala 8 a las 7 una vez más.
 
 
Pasaron varios días para que yo pudiera entender el apuro del joven. Para el, llegar al andén norte aunque sea por un momento y así poderla observar a la distancia, es la motivación más grade que se le puede detectar, es su razón diaria. Ella no se ha dado por enterada en lo más mínimo.
Ella sigue su camino al sur,  él al norte… mientras el reloj como fiel testigo, marca 8 para las 7 una vez más.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s